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Sábado, 12 de septiembre
¿Puede Baja California convertirse en el polo mexicano de los chips?

¿Puede Baja California convertirse en el polo mexicano de los chips?

La entidad ya cuenta con manufactura electrónica, empresas vinculadas a semiconductores, talento especializado y una nueva maestría enfocada en esta industria; pero el reto es pasar de ensamblar y probar componentes a capturar etapas de mayor valor.

Por César Esparza ·

TIJUANA, B.C.— Baja California tiene frente a sí una oportunidad industrial que podría redefinir parte de su economía durante la próxima década: convertirse en uno de los principales nodos mexicanos de la cadena de semiconductores. La pregunta ya no es si la entidad participa en el mundo de los chips, porque esa presencia existe; el verdadero desafío es hasta dónde puede subir dentro de una industria donde el mayor valor no está solamente en manufacturar, sino en diseñar, probar, encapsular y desarrollar tecnología propia.

La base industrial está ahí. Durante el primer trimestre de 2026, Baja California alcanzó un récord de 12 mil 946.6 millones de dólares en exportaciones, de las cuales 4 mil 297.1 millones correspondieron a fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y otros componentes y accesorios electrónicos, convirtiéndose en el principal subsector exportador de la entidad.

Ese ecosistema tiene además un vínculo directo con la industria de semiconductores. En Mexicali opera Skyworks Solutions, compañía especializada en semiconductores analógicos de alto desempeño, que mantiene actualmente vacantes técnicas y de ingeniería vinculadas con manufactura, pruebas y desarrollo de productos para semiconductores. Entre ellas aparecen posiciones de ingeniería de producto, mantenimiento de equipos y pruebas de filtros BAW y SAW.

El dato importa porque ubica a Baja California no solamente como plataforma de manufactura electrónica general, sino dentro de una cadena donde los procesos de prueba, ingeniería y producción especializada forman parte directa de la industria global de chips.

La siguiente pieza es el talento. El Instituto Tecnológico de Tijuana tiene en operación una Maestría en Ciencias en Semiconductores, creada expresamente para formar especialistas capaces de incorporarse a la industria y su cadena de suministro. Su programa incluye materiales semiconductores, dispositivos, optoelectrónica, sensores, gestión térmica, caracterización de defectos y tecnología de manufactura.

La propia institución reconoce que el programa surge ante la relocalización de compañías de semiconductores en Norteamérica y la necesidad de contar con profesionistas capaces de incorporarse rápidamente a este mercado. Eso coloca a Tijuana en una posición estratégica: formar talento junto a California, uno de los ecosistemas tecnológicos más importantes del planeta.

El momento tampoco ocurre aislado. En julio de 2026, México y Estados Unidos celebraron en San Diego el Séptimo Foro Binacional sobre Semiconductores, considerado por la Secretaría de Economía como el principal espacio de diálogo entre gobierno, industria, academia y sector financiero para desarrollar el ecosistema regional de esta tecnología.

Ahí aparece una ventaja geográfica difícil de ignorar: Baja California está físicamente conectada con California, pero además forma parte de una economía manufacturera altamente integrada con Estados Unidos. Para una industria obsesionada con reducir tiempos, asegurar cadenas de suministro y acercar producción a sus mercados, esa ubicación representa una ventaja potencial.

Pero una cosa es participar en la industria electrónica y otra muy distinta convertirse en un verdadero polo de semiconductores.

La cadena de los chips puede simplificarse en tres grandes etapas: diseño, fabricación y ensamble-prueba-empaquetado. El propio Gobierno Federal utiliza esa división en su estrategia nacional. México tiene como objetivo desarrollar primero capacidades de diseño mediante el proyecto Kutsari, avanzar hacia un modelo de fabricación y completar hacia 2030 los tres eslabones de la cadena.

Y aquí aparece una primera advertencia para Baja California: los centros federales iniciales de Kutsari fueron ubicados en Puebla, Jalisco y Sonora, no en Baja California.

Es decir, la entidad tiene industria, exportaciones, empresas y formación académica, pero no tiene garantizado automáticamente un lugar central en la política nacional de semiconductores. Si quiere convertirse en un polo tecnológico real tendrá que competir por inversiones, laboratorios, investigación, proveedores y talento especializado.

El reto es precisamente subir de nivel.

Baja California lleva décadas dominando la manufactura de exportación. Ese modelo sigue generando miles de empleos y miles de millones de dólares, pero el siguiente salto consiste en capturar procesos donde se concentra una mayor proporción del conocimiento y del valor económico: diseño electrónico, propiedad intelectual, investigación de materiales, validación avanzada, encapsulado especializado y desarrollo de nuevos dispositivos.

El Gobierno Federal ya trazó esa dirección. El Plan México establece como meta incrementar en 15% el contenido nacional dentro de cadenas globales estratégicas, incluyendo semiconductores, electrónica, automotriz y aeroespacial. También plantea formar anualmente 150 mil profesionistas y técnicos alineados con sectores estratégicos.

A nivel nacional, Kutsari ya avanzó de los anuncios a infraestructura concreta. En mayo de 2026 fue inaugurado en Puebla un laboratorio especializado para caracterización y validación de circuitos integrados, con infraestructura destinada a probar tecnología desarrollada en México.

Eso eleva la competencia entre estados.

Sonora tiene participación directa en Kutsari; Jalisco posee una fuerte industria electrónica y diseño; Puebla alberga infraestructura federal especializada. Baja California, en cambio, llega con otro activo: un enorme músculo exportador, manufactura instalada, cercanía inmediata con Estados Unidos y experiencia industrial acumulada durante décadas.

Las cifras de 2026 muestran que esa maquinaria sigue funcionando. En junio, las empresas manufactureras IMMEX de Baja California generaron 33 mil 187 millones de pesos en ingresos provenientes del extranjero, 7.8% más que un año antes. Tijuana encabezó el crecimiento con 12.2%.

Pero el mismo modelo también muestra una señal que obliga a mirar hacia actividades de mayor productividad. En junio de 2026, el personal ocupado en establecimientos manufactureros IMMEX cayó 2.3% anual, mientras la producción y los ingresos continuaron creciendo. El propio Gobierno del Estado interpreta esa combinación como una transición hacia manufactura de mayor productividad y valor agregado.

En otras palabras: Baja California puede producir más valor sin necesariamente aumentar al mismo ritmo la cantidad de empleos tradicionales de manufactura. Esa transformación vuelve todavía más importante la formación de ingenieros, investigadores, técnicos y especialistas capaces de ocupar puestos de mayor complejidad.

Y ahí está la verdadera carrera.

Convertirse en el polo mexicano de los chips no significa instalar mañana una gigantesca fábrica de obleas como las que existen en Asia o Arizona. Una planta de fabricación avanzada exige inversiones multimillonarias, enormes volúmenes de energía, agua ultrapura, infraestructura especializada, cadenas químicas extremadamente controladas y talento científico de alto nivel.

Por eso, el camino más realista para Baja California puede comenzar por donde ya tiene ventajas: prueba, ensamble especializado, ingeniería, diseño, validación, materiales, sensores, proveeduría y formación de talento.

El contexto nacional juega a favor. México ya definió los semiconductores como sector estratégico, busca desarrollar diseños propios y pretende construir capacidad industrial para depender menos del exterior.

La pregunta es cuánto de esa nueva industria conseguirá atraer Baja California.

Porque la entidad tiene algo que pocos estados pueden replicar simultáneamente: frontera directa con California, una industria electrónica exportadora de miles de millones de dólares, empresas que ya trabajan con semiconductores y universidades formando especialistas específicamente para esta tecnología.

Pero también tiene competencia.

Y el riesgo sería conformarse con seguir siendo únicamente el lugar donde se ensamblan o prueban componentes diseñados en otra parte.

La verdadera oportunidad consiste en que una mayor proporción del conocimiento, las patentes, la ingeniería y el valor agregado también nazcan en Baja California.

Por eso, la respuesta a la pregunta todavía está abierta.

Sí, Baja California puede convertirse en uno de los grandes polos mexicanos de los chips. Tiene industria, ubicación y talento para intentarlo. Pero para lograrlo tendrá que pasar de ser una potencia manufacturera a convertirse también en una potencia tecnológica. Y esa carrera ya comenzó.