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Viernes, 14 de agosto
Nace un dragón para evitar su extinción: el gigante de Komodo lucha por sobrevivir

Nace un dragón para evitar su extinción: el gigante de Komodo lucha por sobrevivir

Este 14 de agosto, Día Mundial del Lagarto, la reproducción bajo cuidado humano pone el foco sobre una especie cuya población silvestre enfrenta pérdida de hábitat y presión humana.

Por César Esparza ·

ENSENADA, B.C.- El nacimiento de una cría de dragón de Komodo representa mucho más que la reproducción de un reptil bajo cuidado humano: forma parte de los esfuerzos internacionales para mantener poblaciones genéticamente viables de una especie clasificada en peligro de extinción.

Este 14 de agosto, en el marco del Día Mundial del Lagarto, la situación del dragón de Komodo (Varanus komodoensis) expone los riesgos que enfrentan distintas especies de reptiles debido a la reducción de sus hábitats y los cambios en los ecosistemas.

El dragón de Komodo es considerado el lagarto viviente de mayor tamaño del planeta. Los adultos silvestres pesan normalmente alrededor de 70 kilogramos, mientras que el mayor ejemplar verificado alcanzó 3.13 metros y 166 kilogramos, de acuerdo con información del Smithsonian's National Zoo and Conservation Biology Institute.

Pero al momento de salir del huevo la escala cambia por completo.

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Una cría pesa menos de 100 gramos y mide alrededor de 40 centímetros. Durante sus primeros años pasa buena parte del tiempo en los árboles para reducir el riesgo de ser atacada incluso por ejemplares adultos de su propia especie. Cerca de los cinco años alcanza dimensiones que le permiten desarrollar una vida principalmente terrestre.

UNA ESPECIE CON TERRITORIO LIMITADO

En estado silvestre, el dragón de Komodo solamente habita algunas islas de Indonesia, entre ellas Komodo, Flores y Rinca. Su distribución geográfica restringida incrementa su exposición a modificaciones del hábitat.

El Smithsonian señala que quedan menos de 1,400 ejemplares en vida silvestre y ubica entre las amenazas la pérdida de hábitat, la actividad humana y la reducción de algunas de las especies que forman parte de su alimentación.

El cambio climático incorpora otro factor de riesgo. Parte de los territorios insulares donde vive la especie podría quedar afectada por el incremento del nivel del mar durante este siglo.

CRÍAS QUE FORMAN PARTE DE LA CONSERVACIÓN

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La reproducción bajo cuidado humano ha permitido desarrollar conocimiento sobre el comportamiento, genética y reproducción de la especie.

En 1992 ocurrió un precedente para su conservación: el Smithsonian National Zoo consiguió la primera reproducción exitosa de dragones de Komodo fuera de Indonesia.

Una hembra había depositado 26 huevos y, después de un proceso de incubación, durante cuatro semanas nacieron 13 ejemplares, un acontecimiento que permitió ampliar el conocimiento científico sobre la reproducción de la especie.

Actualmente, los programas especializados de reproducción consideran factores como genética, salud, necesidades nutricionales y características de cada ejemplar antes de determinar los cruces, con el objetivo de conservar diversidad genética dentro de las poblaciones mantenidas bajo cuidado humano.

El dragón de Komodo presenta además una característica reproductiva poco común: las hembras pueden reproducirse sexualmente o mediante partenogénesis, proceso mediante el cual pueden producir descendencia sin fecundación de un macho.

EL MAYOR LAGARTO DEL PLANETA

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Su tamaño no es su única característica.

Cuenta con alrededor de 60 dientes serrados, garras desarrolladas y una mordida venenosa. Los adultos pueden alimentarse de animales como venados, jabalíes y cabras, mientras los ejemplares jóvenes consumen principalmente insectos, pequeños reptiles, aves y serpientes.

Como depredador superior de los ecosistemas insulares donde habita, su conservación también está relacionada con el equilibrio de las poblaciones de otras especies.

El Día Mundial del Lagarto coloca cada 14 de agosto la atención sobre un grupo de reptiles distribuido en diferentes ecosistemas del planeta. En el caso del dragón de Komodo, cada nueva cría bajo programas de conservación también permite estudiar una especie cuya población silvestre permanece concentrada en una pequeña región del mundo.