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Martes, 15 de septiembre
Ocho morenistas, una silla… y a las seis de la tarde se acaba el amor

Ocho morenistas, una silla… y a las seis de la tarde se acaba el amor

Este martes 15 de septiembre Morena define quién encabezará su Coordinación Estatal en Baja California, pieza clave en el ajedrez rumbo a la sucesión de 2027.

Por César Esparza ·

En Morena encontraron una manera elegante de decir "quiero ser gobernador" sin cometer la imprudencia de pronunciar "quiero ser gobernador". Le llaman Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. El nombre es tan largo que, cuando uno termina de decirlo, ya arrancó la siguiente campaña.

Este martes 15 de septiembre se acaba buena parte del misterio. La dirigencia nacional convocó a presentar a quien encabezará esa coordinación en Baja California a las 19:00 horas de la Ciudad de México, 18:00 horas de Baja California.

Formalmente se elige una coordinación política. En los hechos, nadie dentro del mundillo político ignora que se está acomodando una pieza de enorme peso rumbo a la sucesión de 2027.

Así que tenemos fotografías, sonrisas, documentos en mano y ocho personajes convencidos —unos bastante más que otros— de que la encuesta podría confirmar eso que el espejo lleva meses diciéndoles.

Ismael Burgueño llega con una ventaja nada despreciable: gobierna Tijuana, la ciudad electoralmente más pesada del estado. Fue dirigente estatal de Morena y conoce perfectamente la maquinaria partidista. Su problema puede ser precisamente ése: cuando alguien aparece adelante, los demás descubren inmediatamente todas sus virtudes… para tratar de bajarlo.

Julieta Ramírez representa a una generación que aprendió política cuando algunos de sus competidores ya habían gastado varias suelas en campañas. Pasó de diputada federal al Senado y ahora aparece en la carrera grande. En los últimos días enfrentó publicaciones sobre una presunta investigación en Estados Unidos, señalamientos que rechazó calificándolos como guerra sucia. Nada particularmente novedoso: cuando se acercan las definiciones políticas, hasta los expedientes aprenden a caminar.

Armando Ayala vuelve por la revancha. Ya transitó esta ruta en 2021, fue dos veces alcalde de Ensenada y después brincó al Senado. Si algo nadie puede negarle es perseverancia. Si la política fuera concurso de resistencia, Ayala llegaría con termo, casa de campaña, extensión eléctrica y batería externa.

Fernando Castro Trenti juega otro deporte. Exsenador, exembajador, diputado federal con licencia y propietario de una trayectoria de varias décadas. Mientras algunos están aprendiendo dónde quedan los pasillos del poder, Castro Trenti probablemente recuerda quién puso algunas puertas. El Diablo decidió esperar las definiciones. Por ahora guardó el trinche. Por ahora.

Alejandro Ruiz Uribe tampoco necesita demasiada presentación. Exdelegado federal de Bienestar, exdiputado y conocedor de las tribus de izquierda, ha aprovechado la competencia para lanzar críticas incluso hacia gobiernos surgidos de Morena. Decidió competir dentro de la familia señalando quién dejó los platos sucios. Arriesgado, sí. Aburrido, jamás.

Evangelina Moreno es diputada federal y tiene kilómetros recorridos dentro del movimiento. Ha hecho menos ruido que otros contendientes, lo cual en una competencia donde sobran megáfonos puede parecer una desventaja. Aunque en política, mientras todos gritan, quedarse callado algunas veces permite escuchar dónde están cayendo los golpes.

Alfredo Álvarez Cárdenas, exsecretario general de Gobierno, juega con un perfil más técnico y político. Su equipo presume trabajo territorial, consultas y miles de propuestas recogidas. Digamos que es el hombre que podría presentarse con hojas de Excel a una pelea donde varios llegaron con matracas.

Y está Joel Anselmo Jiménez Vega, quien convierte la fotografía en algo menos predecible. Operador morenista y litigante frecuente de decisiones internas, no llega desde las primeras filas gubernamentales. Mientras otros esperan que Morena los elija, Joel lleva tiempo recordándole a Morena que también sabe dónde quedan los tribunales.

Esta tarde conoceremos el nombre.

Y después vendrá el verdadero espectáculo.

Porque apenas aparezca el elegido comenzará la milagrosa multiplicación de los disciplinados.

Siete aspirantes que recorrieron colonias, construyeron estructuras, concedieron entrevistas, midieron encuestas, juntaron aliados y hasta descubrieron un súbito amor por comunidades que probablemente antes no encontraban en Google Maps, nos explicarán solemnemente que ellos jamás buscaron nada.

Todo fue por el movimiento. Por el pueblo. Por la transformación. Y, naturalmente, por la soberanía nacional.

Habrá abrazos, fotografías, mensajes de unidad, felicitaciones cargadas de signos de admiración y publicaciones diciendo: "Es tiempo de cerrar filas".

Sí, claro. Cerrar filas… pero sin soltar la calculadora.

Porque mientras uno festeje, los otros siete comenzarán las cuentas: quién puede quedarse con una alcaldía, quién busca diputación, quién acomoda a su grupo, quién conserva posiciones y quién descubre, después de una profunda reflexión ideológica de aproximadamente 17 minutos, que su verdadera vocación siempre estuvo en otro cargo.

Así funciona esto. Hoy son compañeros. Hasta las seis de la tarde. Después serán compañeros también… pero de esos que se abrazan mientras cuentan cuántos cuchillos quedaron sobre la mesa.

Y tranquilos: mañana todos aparecerán sonrientes en la fotografía. En Morena no habrá derrotados. Habrá un coordinador y siete extraordinarios defensores de la unidad que, casualmente, ya estarán preguntando qué sigue para ellos en 2027.

Porque la transformación puede ser profunda. Pero la nómina también tiene sentimientos.