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Jueves, 1 de octubre
Falso cliente, cita en zona aislada y llamada a un conocido: así opera una extorsión que puede terminar en miles de pesos

Falso cliente, cita en zona aislada y llamada a un conocido: así opera una extorsión que puede terminar en miles de pesos

Un mecanismo de extorsión que comienza con una solicitud de cotización de obra y termina en una exigencia de dinero con la amenaza de un secuestro virtual quedó documentado en Baja California.

Por César Esparza ·

BAJA CALIFORNIA.- Lo que comenzó como una solicitud ordinaria para cotizar trabajos de construcción terminó revelando un mecanismo de extorsión cuidadosamente articulado: un falso cliente, una cita en una zona aislada, varios interlocutores telefónicos y una segunda víctima a la que intentaron convencer de que su conocido había sido privado de la libertad.

Por razones de seguridad se omiten nombres, empresa, ubicaciones exactas y otros elementos que pudieran permitir identificar a la persona involucrada.

Todo comenzó mediante WhatsApp. Un hombre se comunicó con un prestador de servicios interesado aparentemente en contratar trabajos de construcción y remodelación en una propiedad rural.

Para darle credibilidad a la solicitud envió fotografías, videos y una relación de los trabajos que supuestamente necesitaba. La comunicación parecía la de cualquier cliente potencial.

Como ocurre habitualmente en este tipo de servicios, se acordó realizar una visita para conocer físicamente el lugar, hacer un levantamiento y posteriormente preparar una cotización.

El día acordado, el prestador siguió las indicaciones recibidas y se trasladó hacia una zona rural. Después de abandonar las vialidades principales comenzó a circular por caminos secundarios y posteriormente por terracería.

Al aproximarse al punto indicado no encontró la propiedad con las características proporcionadas, por lo que llamó al supuesto cliente.

Durante esa conversación describió algunos elementos que observaba a su alrededor y las características del vehículo en el que viajaba. El hombre respondió que sabía dónde se encontraba y aseguró que enviaría a un trabajador para encontrarlo y conducirlo hasta la propiedad.

Nadie llegó.

Minutos después recibió mediante WhatsApp una llamada desde otro número. El interlocutor aseguró haberlo visto ingresar a la zona y comenzó a preguntarle qué hacía ahí.

La víctima explicó que buscaba la propiedad de un cliente para realizar una cotización. El desconocido respondió que se trataba únicamente de una medida de seguridad entre propietarios de la zona y que necesitaba confirmar quién lo había invitado.

Después realizó una llamada conjunta con el supuesto cliente.

El primer hombre confirmó que efectivamente esperaba al prestador de servicios y aseguró nuevamente que alguien estaba por acudir a encontrarlo.

La conversación reforzó la apariencia de que ambos interlocutores eran personas independientes y, sobre todo, de que realmente sabían lo que estaba ocurriendo físicamente en el lugar.

Entonces cambió el tono.

Uno de los hombres afirmó pertenecer a una organización criminal y solicitó el número telefónico de alguna persona que pudiera confirmar la identidad del visitante.

La víctima proporcionó el teléfono de un conocido, pero simultáneamente consiguió advertirle mediante mensajes de lo que estaba sucediendo y compartirle su ubicación.

MIENTRAS UNO LO RETENÍA AL TELÉFONO, OTRO EXIGÍA DINERO

Los interlocutores continuaron haciendo preguntas sobre su nombre, automóvil, placas y otros datos.

Para entonces, la víctima había decidido abandonar inmediatamente el sitio.

Mientras respondía parcialmente para ganar tiempo, comenzó a regresar por los caminos de terracería hasta alcanzar nuevamente una carretera transitada.

Sin embargo, otra parte de la operación ya estaba en marcha.

Uno de los presuntos extorsionadores llamó por separado al conocido cuyo número habían obtenido minutos antes y aseguró que tenían retenida a la víctima y que no permitirían que se fuera hasta recibir dinero.

La presión estuvo cerca de funcionar.

Ante la posibilidad de que su conocido estuviera realmente en peligro, la persona manifestó que podía reunir aproximadamente 20 mil pesos. Los presuntos extorsionadores aceptaron recibir esa cantidad inicialmente.

El depósito no llegó a realizarse.

Para entonces, el prestador de servicios había conseguido abandonar la zona y llegar a un sitio seguro. Una videollamada permitió comprobar que nunca había estado físicamente retenido.

El mecanismo resulta particularmente efectivo porque cada persona conoce solamente una parte de lo que está ocurriendo.

Quien se encuentra en el lugar puede creer que realmente está siendo observado porque los delincuentes conocen su ubicación, vehículo y otros datos que, en realidad, él mismo fue proporcionando durante las conversaciones.

Mientras tanto, el familiar, socio o amigo recibe una llamada en la que le aseguran que esa persona está secuestrada. Si intenta comunicarse con ella, probablemente encontrará su línea ocupada porque los extorsionadores procuran mantenerla permanentemente al teléfono.

Así, una falsa contratación puede convertirse en cuestión de minutos en un supuesto secuestro y después en una exigencia económica.

EL MODUS OPERANDI Y LA ALERTA

La secuencia comienza con un supuesto cliente que localiza a una empresa o profesionista, presenta un trabajo creíble y envía fotografías, videos o información suficiente para generar confianza.

Posteriormente solicita una visita presencial y conduce al prestador de servicios hacia una zona apartada.

Una vez ahí, mediante llamadas y preguntas obtiene información sobre su ubicación, vehículo y circunstancias. Después aparece otro interlocutor que asegura conocer o controlar la zona y ambos personajes pueden incluso comunicarse simultáneamente para validarse entre sí.

El siguiente paso es introducir una amenaza relacionada con el crimen organizado y conseguir el número de un familiar, amigo o socio.

Mientras mantienen ocupada a la víctima, llaman a esa tercera persona, aseguran que la tienen retenida y exigen dinero para liberarla.

El caso representa una advertencia particularmente importante para constructores, arquitectos, ingenieros, técnicos, valuadores, vendedores, proveedores y otros profesionistas para quienes visitar domicilios desconocidos forma parte cotidiana de su actividad.

Verificar previamente la identidad de un cliente nuevo, confirmar la existencia del domicilio, evitar acudir solo a sitios apartados y compartir anticipadamente ubicación y datos de la cita con una persona de confianza pueden convertirse en medidas básicas de prevención.

También debe encender todas las alertas que durante una supuesta revisión de seguridad alguien solicite teléfonos de familiares, socios o amigos.

El episodio plantea además elementos que ameritan atención de las autoridades de seguridad y procuración de justicia: números telefónicos utilizados, posibles coincidencias con otros reportes, selección de prestadores de servicios mediante información pública y el uso de ubicaciones rurales como parte del mecanismo de presión.

Investigar si existen otros casos con características semejantes permitiría determinar si este esquema está siendo utilizado sistemáticamente contra empresarios, profesionistas y proveedores.

Esta vez no hubo transferencia ni una privación física de la libertad.

Pero el mecanismo estuvo cerca de conseguir su objetivo.

Mientras una persona intenta salir de una situación que considera peligrosa, alguien más puede estar recibiendo una llamada asegurando que está secuestrada y exigiendo miles de pesos para dejarla en libertad.